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Todo lo que comemos, respiramos o sentimos influye en nuestra salud global. También lo
que bebemos y, más en concreto, la cantidad y calidad del agua que ingerimos ya que este
elemento cumple funciones vitales en nuestro organismo. Por ejemplo, el agua es
fundamental en la eliminación de los residuos, en la reparación de los tejidos y en las
secreciones gástricas además de intervenir en el mantenimiento de una adecuada
temperatura corporal, entre otras muchas funciones vitales . Por tanto, su
calidad puede llegar a determinar nuestro buen o mal estado de salud.
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La cloración no parece ser el método más saludable de los
procedimientos de desinfeccion y depuración del agua si se tiene en cuenta que el cloro es venenoso,
destruye la vitamina E, altera la flora intestinal, puede irritar el estómago y hace que se formen los Trihalometanos en el agua, causantes de cáncer.
Las impurezas admisibles en el agua de consumo están reguladas por el Real Decreto
140/2003 de 7 de febrero por el que se establecen los criterios sanitarios de la calidad del
agua de consumo humano. Y en él se incluye un listado de los diferentes elementos físicos
y químicos de las aguas potables y las cantidades admisibles de cada uno de ellos que
corresponden a un agua de una "calidad deseable". Entre esos elementos se citan
cloruros, sulfatos, calcio, magnesio, sodio, potasio, aluminio, residuo seco y oxígeno
disuelto estableciéndose además los niveles idóneos de pH, conductividad y dureza. La
reglamentación también enumera los valores máximos de "las sustancias no deseables"
que debe contener el agua de consumo y que son, entre otras, nitratos, amonio, hierro,
cobre, fósforo, flúor o bario. A ellas se añaden en el Anexo D del citado decreto "las
sustancias tóxicas" y la concentración máxima admisible en el agua de consumo (50
microgramos por litro de agua) y que son arsénico, cianuro, cromo y níquel. Es decir, ¡la
propia ley las considera sustancias tóxicas pero admisibles en cierta cantidad!
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En suma, hay que beber agua lo más pura posible. Lo que, por una parte, se consigue
ingiriendo el agua biológica de las frutas y verduras -destilada naturalmente- y, por otra,
utilizando medios mecánicos de depuración. Es decir, mediante equipos que
eliminen el máximo posible de impurezas y elementos patógenos.
En Grupo AQUALAI mediante nuestros equipos de Osmosis inversa depuramos el agua y eliminamos todos estos elementos y compuestos nocivos para la salud en un 95 - 99%, para posteriormente remineralizar ese agua y dotarla de aquellos minerales y nutrientes necesarios para nuestro organismo, en su justa medida. El resultado de este proceso es un agua pura y equilibrada, de óptimas condiciones para ser consumida, aportando grandes beneficios para nuestra salud desde el primer día que comience a tomarla.
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